He descubierto que el aburrimiento en los niños no es malo, sino creador. De hecho es algo que todas las familias deberíamos probar para que nos demos cuenta de cuánto limitamos e impedimos al desarrollo de la creatividad en los niños cuando les proveemos de todo tipo de juguetes, juegos (en su mayoría electrónicos), televisión,… ; para prevenir que se aburran o en el momento mismo del aburrimiento. A éste momento quiero referirme en este post.

 

Imaginemos.., comida con amigos en casa. Un montón de niños. Terminan de comer. Normalmente les damos de comer antes, bien por un tema de espacio; bien para que todos tengamos nuestros momento de esparcimiento y conversaciones adaptadas a cada edad.

Terminan de comer, decía, y…”Mamá me aburro”. O, “mamá, ¿qué podemos hacer?”.

 

Caso 2. En casa, tarde de domingo, o de sábado. No me valdría cualquier otro día porque con las extraescolares, piano, fútbol, piscina… y los deberes…, los niños no tienen tiempo. Ni siquiera tiempo para aburrirse.

Volvamos a ese domingo. Hora indefinida. Momento de relax dominguero y… “Mamá qué puedo hacer? Es que me aburro”.

 

Cuando escucho en un niño “me aburro” me parece que puede tener varios sentidos: tengo pereza, estoy cansado, no quiero pensar, cuéntame cosas…

Recuerdo el “…, pues hija busca bichitos, o mira mariposas, o pinta…o cómprate un mono” muchas veces en mi vida, que venía tras el “me aburro” que todos hemos dicho en alguna ocasión. Lo del mono venía cuando me ponía insistente. Y claro, tú –el aburrido- te dabas la vuelta y buscabas alternativas para paliar ese momento de vacío mental; ese vacío mental que hoy sé que es muy sano.

Pero ya no es así. Porque ahora les damos el teléfono, la tablet o lo que sea. Es más, lo primero que echamos al bolso son los cargadores, y al llegar a la casa de los amigos buscamos enchufe, no vaya a ser que se quede sin batería y ¡a ver qué les damos si los niños se aburren! Y el resultado es una comida con amigos y un grupo de niños mirando a una pantallita -cuando no están cada uno por su lado- ajenos a la comida, ajenos incluso a aquellos con los que están.

Comprendo que aguantar el tirón de un momento de aburrimiento de un niño no es fácil. El aburrimiento tiene un momento pico muy definido. Yo lo llamo el momento crítico porque en alguna ocasión he visto a más de un niño deseoso por engancharse a cualquier artilugio que le haga no pensar, y ante la negativa de los padres enfurecerse fuertemente.

Sí, es un momento muy crítico para todos y hay que tener una buena gestión emocional, porque de lo contrario o se cede a algo que creo que no les beneficia ni su educación ni en su salud; o se entra en una lucha que no conduce a nada bueno.

Aguantar ese pico me ha llevado a veces a plantearme si la decisión de permitir que mi hijo se aburra es buena. Y la respuesta ha venido después, cuando he visto la creatividad que ha desarrollado en sus creaciones y lo que para él ha supuesto verse logrando esas creaciones.

Defiendo el aburrimiento porque lo considero un momento creativo en potencia para los niños si damos la opción para su expresión. He visto cómo de los momentos más aburridos, dando el espacio oportuno, se han generado los mejores dibujos, las pulseras para los niños de su clase, los mejores poblados de Playmobil con todo lujo de detalles, las mejores casas para pájaros, los mejores prototipos de naves y de coches de Lego… o el mejor libro de cuentos sin saber escribir.

 

Pero no sólo desarrollan la creatividad. También la imaginación para poder crear. La fantasía para jugar y soñar con lo que han creado. La creencia positiva de que pueden crear, lograr lo que han pensado y ver el resultado. Toda una serie de valores sociales, además, si el juego es en grupo. Y sobre todo la voluntad, que es el motor de arranque, lo que nos impulsa a hacer en la vida, la automotivación, … por lo que tantas veces están las consultas psicológicas llenas cuando esa motivación por vivir no se encuentra.

La próxima vez que tu niño aburrido te pida el teléfono, una peli o la maquinita para jugar, haz la prueba. Observa cómo se comporta si no se lo das, que ya te está dando una pista de cuánto tiempo necesita de «terapia» de aburrimiento. Trata de averiguar cuál es el motivo por el cual quiere el artilugio. Observa cómo se autorregula,  cómo es capaz de distraerse creando y qué maravillas es capaz de crear.

Y disfruta con él o con ella cuando te muestre sus obras. Ese momento no lo olvidará. Habrá merecido la pena.