Mi compañera y gran comunicadora Rocío Del Cerro en sus discursos sobre Comunicación suele decir que la sociedad está infoxicada (término original de Alvin Toffler).

Vivimos en una sociedad cargada de información. Vivimos en la Era de la información. Donde la información es poder. Donde la información nos entra por los sentidos sin poder detenerla.

Y, por un lado, esta avalancha de información al alcance de todos es un importante adelanto. El hecho de ir a Internet y poder ver que existen referencias e información sobre casi todo es un avance innegable para la sociedad. Por supuesto, cualquier persona sabe que es necesario ir a la fiabilidad de las fuentes. Obviarlo sí es peligroso.

Nunca antes habíamos tenido tanto acceso –y de manera más fácil- a tanta, tantísima información, en cualquier medio, en cualquier lugar, de cualquier tema, … Por los oídos, por la vista… Nuestra sociedad está, sin duda, intoxicada con tanta información. Vivimos en una sociedad infoxicada.

Y esa infoxicación tiene un gran efecto negativo. Bueno, varios. Efectos negativos sobre la salud, provocando principalmente un ruido mental muy difícil de erradicar. Ruido que buscamos sin parar como una droga, y a veces sin ser conscientes de ello, hasta el punto de necesitar la tv o la radio al llegar a casa para sentirnos acompañados, para no estresarnos, para no escuchar el silencio. Me pregunto si tanta información (sonidos, imágenes, ruidos..) desde que somos bebés no estará generando respuestas no deseables en el organismo.

Ruidos. Ruidos y más ruidos. Sobre estimulación externa que se convierte en ruido interno en nuestra cabeza, que grita, que no deja concentrarnos sin que miles de pensamientos, ideas y sensaciones vengan a la mente. Si pruebas simplemente a cerrar los ojos y a observar qué pasa en tu mente, verás la cantidad de “atacantes” que aparecen, aún sin quererlo.  Pensamientos sobre lo que hiciste ayer o has de hacer mañana. Pensamientos sobre lo que vas a cenar o sobre lo que hablarás en la reunión de mañana, o sobre a quién tienes que llamar en un rato. O pensamientos sobre cuántos pensamientos tienes…

Y, ¿cómo detener todo esto?

Te propongo el silencio. Es terapéutico a nivel mental, y por tanto, emocional y físico. Y es necesario. Al menos para contrarrestar la infoxicación a la que estamos sometidos.

La meditación es una herramienta tremendamente recomendable para lograr ese silencio interior. Me temo que el exterior es más difícil de eliminar, aunque siempre se pueden hacer pequeños actos, como dejar la televisión apagada al llegar a casa, o trabajar sin radio de fondo durante cada día.

Tras años de práctica de varios tipos de meditación occidental y oriental he podido experimentar el beneficio del silencio cuando la mente está aturdida por todo el ruido exterior después de un día normal de vida y trabajo. A veces pienso que la meditación debería ser de práctica obligada en los contextos de trabajo –de hecho es uno de nuestros fines en emovation.es-. Aún más en ambientes que generan altos niveles de ruido y de estrés. ¿Cómo sería un día en Wall Street tras una sesión de meditación?

Con la práctica de la meditación consigues limpiar la mente, calmarla, acallarla…; y los pensamientos logran pasar por ella sin que te detengas en ellos. Están, porque somos seres racionales, pero no pensamos sobre ellos, sino que simplemente pasan.

Aunque practicar meditación no te liberará de la infoxicación actual, actuará como protector y también como limpiador una vez estás infoxicad@, y esto se traduce en una mayor salud, física, mental y emocional. Así lo demuestran numerosas estudios científicos, como el que encuentras en el siguiente enlace del científico francés ordenado monje budista, Matthieu Ricard: el arte de la meditación