Si de algo se habló durante el 2025 fue de absentismo laboral. Tal vez por la preocupación sobre el tema y lo que conlleva a todos los niveles –especialmente económicos para las empresas- el absentismo, solo y acompañado de otras temáticas, fue uno de los protagonistas del año pasado. No hubo evento, desayuno o webinar que no dedicara unos minutos a los datos devastadores que trae el absentismo, sobre lo que no parece haber dudas.

Lo que sigue generándonos dudas es de si el absentismo es, por sí mismo, una causa o una consecuencia. Y en este artículo te voy a aportar mi opinión y algunos datos.

El absentismo en datos. Una pista a las causas

Ya sea causa o consecuencia, los datos son los datos, y quizás nos sirven de punto de partida para entender más allá de los mismos.

El absentismo es, en la actualidad y seguirá siendo, un reto estructural de primer orden para las Organizaciones. Pero también para su economía y para la sociedad.

Durante los últimos años el absentismo ha ido creciendo sin control. Sin tratar de hacer un análisis exhaustivo, al menos detengámonos en el año 2025, en el que el absentismo se situó alrededor del 7% (con ligera bajada en el tercer trimestre, según datos de Forbes).  Un récord histórico junto al porcentaje que alcanzó en 2024.

¿Qué significa ese 7%? Significa que, de cada 100 horas de trabajo que el empleado ha de realizar por contrato, aproximadamente 7 horas no se realizan por ausencias no programadas, fundamentalmente por bajas médicas (incapacidad temporal) y otras ausencias justificadas o no. Al parecer, este dato está muy por encima de la media europea (Spain is different!), que sitúa al absentismo alrededor del 2,5 %, según datos de Eurostat. Aunque Francia nos supera.

Según estimaciones, cerca de 1,56 millones de personas no acudieron a su puesto de trabajo diariamente en España durante 2025, y con un impacto económico de entre     25.000 y 37.000 millones de euros al año, solo en términos de productividad y horas perdidas. Otros cálculos elevan la cifra global cerca de 128.000 millones de euros, equivalente a más del 8 % del PIB.

Por dar otro dato: cerca de 1,6 millones de trabajadores no acudieron a su empleo en promedio cada día durante el año pasado.

Sí, el absentismo está teniendo graves implicaciones. Y ésta es la principal razón por la que para muchas personas el absentismo es la causa de pérdidas astronómicas, que no se cumplan objetivos ni se logren los resultados esperados, que sea muy complejo cohesionar los equipos y trabajar colaborativamente, que la redistribución del trabajo cambie y la carga de trabajo aumente (y con ello el estrés), que algunas Organizaciones tengan que echar el freno por falta de recursos humanos y productividad, que haya contrataciones para hacer frente a las ausencias, que existan costes indirectos en  eficiencia, o que haya mayor presión sobre la seguridad social (costes más elevados) y el sistema público de salud se vea afectado.

El absentismo como consecuencia

Si has estado en alguna de las actividades en las que he participado durante el 2025 sobre el absentismo, me habrás escuchado decir que, en mi opinión, el absentismo solo es la punta de un iceberg que avanza en silencio haciéndose más grande cada día. A la deriva.

Y desde esta imagen tan recurrente para tantos temas y clarificadora a la vez, el absentismo es la parte visible de algo aún más grande – tremendamente grande- que lo alimenta.

Pero, ¿qué?

Los datos sobre las causas del absentismo en España nos dan una pista: las causas musculoesqueléticas y la enfermedad mental como las causas principales.

Las primeras nos muestran un crecimiento sostenido cercano o superior al 50 % en años recientes, y continúan siendo la primera causa individual de absentismo, conservando esa tendencia al alza en 2025. Las famosas algias -lumbalgias, cervicalgias, dorsalgias, hernias discales, dolor articular y musculotendinoso, otros dolores musculoesqueléticos inespecíficos- ocupan esta primera causa del absentismo.

¿Tiramos del hilo? ¿Qué está provocando esto? ¿Posturas forzadas, esfuerzos excesivos, carga de trabajo en malas condiciones, turnos prolongados, ausencia de pausas saludables, ausencia de protocolos de ergonomía y… estrés? Porque, no olvidemos, que el estrés junto con la cantidad de horas sentados frente al ordenador también tiene un efecto negativo sobre la salud física.

Por lo que vemos, las campañas de prevención no cumplen del todo sus objetivos. Tampoco las sillas ergonómicas. Seguimos con muchos problemas derivados de la carga física.

En el caso de la enfermedad mental, entre 2018 y 2023, los días de baja por problemas de salud mental aumentaron un 88 % en el régimen general y un 75 % en autónomos. Tendencias que siguió vigente en 2025, reflejando que la salud mental es otra de las principales causas que explican el crecimiento del absentismo en los últimos años.

Aquí no es tan sencillo tirar del hilo porque existen decenas de causas conducentes a la pérdida de la salud mental en el trabajo, tanto a nivel de salud individual, como de condiciones laborales u organizativas y de entorno social.

Así como el estrés pudiera considerarse factor de riesgo psicosocial prioritario, la precariedad laboral, la carga de trabajo, la incertidumbre constante del entorno, la falta de autonomía o el estilo de liderazgo son también factores de riesgo que afectan directamente a la salud mental de cualquier empleado.

Las causas musculoesqueléticas y la salud mental parecen ser las causas principales conducentes al absentismo que explicarían más de la mitad del crecimiento del absentismo laboral en España. Pero, ¿y el tanto por ciento restante? Nos faltan datos.

Como una maraña compleja de redes que crean otras redes, causas que influyen unas en otras … hablar del absentismo significa hablar de un problemón multifactorial. Factores estructurales, culturales, sociales, de salud pública (burocracia, gestión de las bajas…), derivadas del modelo de trabajo y, por supuesto, individuales (compromiso).

Las causas invisibles

Los datos ponen el foco de las causas del absentismo en los problemas musculoesqueléticas y en la enfermedad mental. Y sí…, a su vez, estas causas tienen sus causas.

Quisiera detenerme en un par de ellas que, fruto de mi experiencia, veo como causas silenciosas de la enfermedad mental y del desgaste físico, con lo que quizás podrían ser tenidas en cuenta cuando se acometan soluciones integrales contra el absentismo.

Por un lado, el liderazgo. Hace tiempo que doy “la turra” con el liderazgo y la necesidad de cambiar hacia modelos más humanos y sostenibles. Sé que, en el corto plazo, modelos más directivos o con prácticas más agresivas podrían parecer la solución a las dificultades que van apareciendo. Sin embargo, la práctica de modelos pocos saludables tiene una relación directa con el estrés y con ciertas formas de enfermedad mental (causa directa de absentismo) y, además, impacta negativamente en el compromiso del empleado.

Curiosamente, la desvinculación emocional hacia el líder también afecta en su desvinculación con el proyecto -incluso, con la Organización-. Y es, a su vez, un factor determinante para el absentismo, y para la prolongación de una baja laboral.

Aquel empleado que se sienta desvinculado, y también, poco cuidado o respetado por su manager y Organización, no solo tendrá menos tolerancia al estrés en cualquier situación, sino que no dudará ni un momento en pedir la baja y alargarla en la medida de lo posible.

Piénsalo. ¿Qué harías tú?

Por el contrario, aquel empleado que siente un vínculo con su líder, con el equipo, y se siente alineado con su Organización, no tendrá como objetivo tomar o alargar una posible baja laboral.

El presentismo es una de las formas de expresión más claras de la desvinculación emocional (aunque hay otras causas que también apuntan al presentismo) y, para mí, una forma de absentismo. Empleados que, simplemente, no rinden. Bien porque pasan o porque ocupan el tiempo de trabajo en asuntos personales.

Una actitud muy poco madura -en mi opinión- carente de compromiso. Porque el que se queda sin hacer, bien podría desde la responsabilidad tomar decisiones para acabar con esa situación (y se me ocurren muchas). Pero, también, es una forma de supervivencia en el trabajo de la que poco hablamos. Estar y cobrar a fin de mes… ése es el objetivo. Y si puedes ser invisible, mejor. ¿Te es familiar en tu Organización?

Infravaloramos el impacto de lo emocional en el trabajo y, sin embargo, está en la base de las causas silenciosas que siguen engordando los datos sobre absentismo.

El absentismo tiene efectos directos en las Organizaciones: menor productividad, sobrecarga de trabajo para los compañeros, incremento de costes de sustitución y deterioro del clima laboral. Pero también tiene consecuencias más amplias para la sociedad: presiones crecientes sobre el sistema de salud, mayores costes para la Seguridad Social y desafíos para la competitividad del país. Y también, tiene un efecto en las personas, desde la autopercepción, el compromiso y la adaptación al trabajo tras la ausencia.

Urge un enfoque de abordaje que combine políticas integrales de bienestar con foco en la prevención física, mental y relacional, conciliación, revisión de las condiciones de trabajo y modelos de gestión más humanos y eficaces que respondan de manera integral a este problema de calado social.

Tal vez sea el absentismo -como lo fue la pandemia- el punto de inflexión y la oportunidad para repensar cómo trabajamos, cómo cuidamos la salud de las personas y cómo diseñamos entornos laborales más saludables y sostenibles.