Si algo me gusta del inicio del año es la ilusión que le ponemos a ese “volver a empezar”. Cada comienzo de año trae consigo esa sensación renovada de posibilidad, de nuevos proyectos y hábitos a revisar. Y no es que no podamos plantearnos estos cambios en cualquier otro momento: al inicio de la semana o, incluso, al inicio del día. Pero, ciertamente, el inicio del año viene con una fuerza que la mayoría de las personas aprovechamos para hacer un reset.

Después de semanas de desconexión durante las fiestas en las que hemos tenido (posiblemente) menor acceso al trabajo, la mente ha podido -por fin- descansar. Y cuando cuerpo y mente descansan, vemos “los marrones” del trabajo con otra perspectiva y lo que antes de la pausa navideña eran grandes problemas, entre lentejuelas y brindis se han podido relativizar.

Ahí, en ese espacio que se abre en la mente unido al tiempo para poder reflexionar, un altísimo porcentaje de personas sienten que enero es el momento perfecto para replantearse sus metas, sus prioridades… y hasta sus valores.

Y, en medio de esta energía de renovación del comienzo del año, surge una tendencia muy común: fortalecer el bienestar. Por un lado, como objetivo tangible, ya que el que más y el que menos incluye el bienestar entre sus nuevos hábitos: mejorar la alimentación, perder peso, hacer más deporte, cultivar mejores relaciones, salir más a la naturaleza, dormir más y mejor, etc. De hecho, enero -y también septiembre- son los momentos dorados de los gimnasios y los Life Coaches.

Pero no hablo solo del bienestar como objetivo lo que muchas personas se plantean al inicio al año, sino como compromiso profundo con el autocuidado, el del equipo y también con el bienestar del entorno en el que desarrollamos nuestra vida profesional. En el inicio del año conectamos de manera más auténtica con el bienestar como propósito. Seguro que, si preguntas por ahí, “¿qué le pides al nuevo año?”, podrás recibir repuestas cuya intención está puesta en el bienestar: “…mayor equilibrio, mayor paz, vivir con menos estrés, cuidarme más…, etc.”.

Bienestar: además que un hábito o un objetivo, un propósito

Plantearse el bienestar como propósito es relevante en tres niveles. A nivel individual, implica la autorresponsabilidad de estar bien y cuidarnos, y también reconocer que nuestro estado físico y psicológico influye directamente en nuestro desempeño y satisfacción personal. Para un manager, tener al bienestar como propósito de equipo significa crear un entorno en el que los empleados se sientan escuchados, valorados y motivados. Y a nivel organizacional, incorporar el bienestar en la estrategia de la empresa se traduce en una cultura más sostenible, con empleados más comprometidos y resilientes frente a los cambios. Una cultura del bienestar.

Tener el bienestar como propósito marca una dirección y un sentido unido a nuestros valores, a lo que es verdaderamente importante para cada persona. Cuando abordamos el bienestar como propósito, nos movemos de la intención a la acción, creando hábitos que, a mediano y largo plazo, transforman tanto la experiencia individual como la colectiva en la empresa. Y si nos lo planteamos a principios de año, esta práctica se vuelve aún más poderosa, también por la fuerza del grupo, ya que son muchas las personas con el mismo planteamiento… al menos de inicio.

Ahora bien, un propósito que no se concreta en objetivos, metas y acciones… corre el riesgo de perderse en el camino. Por eso los gimnasios tienen un altísimo porcentaje de abandonos al segundo mes, porque muchas personas desean “mejorar el estado físico”, pero no concretan ni cuando, ni cómo, ni con qué recursos…ni se ponen en marcha para lograrlo.

El bienestar concretado en metas

El bienestar, incluso como intención elevada o propósito, no es un concepto abstracto, sino un faro hacia el que dirigirnos con nuestras decisiones y comportamientos cotidianos.

Hace tiempo trabajaba con emprendedores y, lo que les diferencia de cualquier otra persona soñadora, es que son capaces de transformar una idea en proyecto… incluso vivir de ello. Porque ideas -maravillosas, a veces- tenemos todos, pero transformarlas en acciones concretas, alcanzables y medibles es la clave.

Y eso mismo deberíamos hacer con nuestro propósito bienestar sin queremos tener éxito en ello a lo largo del nuevo año.

Con el fin de ayudarte en esta tarea de concreción, te dejo por aquí algunas ideas sencillas que puedes convertir en los próximos hábitos de tu día a día en el trabajo por un total de… ¡casi 365 días! Si, además, le sumas hábitos saludables fuera del trabajo… entonces… tu propósito bienestar estará más que logrado.

1. Bienestar físico: moverse con intención

Dentro de la dimensión del bienestar físico tenemos innumerables ideas para mejorar el bienestar. La alimentación, el descanso o el movimiento son, para mí, las principales áreas de desarrollo. En este caso, voy a centrarme en el movimiento.

Me gusta mucho decir que el movimiento es vida. No solo es una gran verdad -el agua que se estanca empieza a perder nutrientes- sino que esta imagen nos muestra la importancia máxima que tiene el movimiento para la salud. Y quizás tenemos esta idea bastante integrada fuera del horario laboral, pero seguimos necesitando mejora durante el tiempo de trabajo. A veces pasamos demasiado tiempo sin movimiento y en la misma postura, principalmente si nuestro trabajo es frente al ordenador.

El movimiento nos trae, además, activación mental y mayor creatividad, así que pequeños cambios en la rutina laboral pueden tener un gran impacto para el fortalecimiento del bienestar físico, por ejemplo:

  • Levantarse cada hora para estirarse.
  • Caminar unos minutos entre reunión y reunión.
  • Introducir pausas activas o mini-sesiones de ejercicio durante la jornada: yoga suave en silla, 20 minutos en el gym de la oficina, salir de la oficina a caminar/correr en la hora del almuerzo.
  • Utilizar transporte público, bicicleta o aparcar a unos minutos del trabajo para obligarnos a caminar.

Un cuerpo que se mueve con regularidad no solo reduce el riesgo de enfermedades, sino que también mantiene a la mente sana y con predisposición para acometer los retos diarios.

2. Bienestar emocional: cultivar la introspección y la autoescucha

Con el bienestar psicológico sucede los mismo que con el físico: hay numerosas áreas en las que poder incidir. La desconexión digital, la autogestión emocional, las relaciones, … son algunas de ellas. Y dentro de estas, como un paraguas, se abren otras muchas posibilidades para la mejora del bienestar.

El bienestar emocional comienza por reconocer y gestionar nuestras emociones. Cultivar la inteligencia emocional permite responder en lugar de reaccionar ante situaciones de estrés o conflicto. Así que, me centraré la mejora de la propia inteligencia emocional como un gran objetivo para este 2026 que podemos empezar entrenando con hábitos sencillos, como:

  • Reservar cinco minutos diarios para respirar conscientemente o meditar.
  • Escribir un diario breve sobre logros y aprendizajes del día.
  • Desarrollar mayor observación a las emociones que van apareciendo a lo largo de la jornada y el impacto en el cuerpo.
  • Ser más amable con uno mismo, por ejemplo, ante los errores o las expectativas no cumplidas.

Cuando el bienestar psicológico es una prioridad y se entrena conscientemente, la sabiduría interior aumenta y se crean relaciones laborales más auténticas y sostenibles.

3. Bienestar relacional: fortalecer conexiones auténticas

El trabajo es, esencialmente, un espacio de interacción humana. Las relaciones de calidad potencian la colaboración y reducen los conflictos, siendo una verdadera fuente de equilibrio, armonía y bienestar individual.

Para nutrir el bienestar relacional se pueden poner en práctica hábitos como:

  • Preguntar más a menudo “¿cómo estás?”, “¿cómo te sientes?” y “¿en qué puedo ayudarte?”.
  • Practicar la escucha atenta, sin juicios ni interrupciones, y mostrar reconocimiento sincero.
  • Dejarse huecos en la agenda para encuentros informales o “cafés virtuales” con compañeros sobre temas de interés diferentes al trabajo.
  • Crear espacios de colaboración donde todos puedan aportar ideas y sentirse valorados.

El impacto de estas acciones va más allá de la satisfacción personal: mejora la cohesión del equipo, facilita la comunicación y aumenta la capacidad de innovación colectiva.

4. Bienestar profesional: crecer con propósito

El bienestar profesional tiene que ver con sentirnos realizados y motivados en lo que hacemos, y con el crecimiento de nuestras habilidades y talentos. No se trata solo de avanzar en la carrera profesional, sino de hacerlo en alineamiento con nuestros valores. Eso nos va a permitir trabajar en bienestar, dando lo mejor en nuestro día a día.

Algunas estrategias prácticas para fortalecerlo incluyen:

  • Establecernos objetivos claros y alcanzables, revisando el progreso periódicamente.
  • Tomar los errores como impulsos para seguir mejorando.
  • Solicitar oportunidades de desarrollo o mentoría dentro de la Organización.
  • Dedicar tiempo a aprender nuevas habilidades que despierten curiosidad y creatividad.

Este enfoque permite que la jornada laboral pueda convertirse en una experiencia de crecimiento constante.

Bienestar y liderazgo: liderar desde el ejemplo

El liderazgo no es como tal una dimensión del bienestar. Sin embargo, es una condición indispensable para que el bienestar funcione en un equipo y en una Organización. No existe bienestar coherente y auténtico sin el compromiso (y la acción) de los managers y líderes con el bienestar propio y del equipo. Por eso, cualquier estrategia de bienestar ha de poner el poco en esta prioritaria cuestión.

Un líder que prioriza su bienestar crea un modelo a seguir y un entorno más saludable.

Algunas acciones sencillas para la mejora del bienestar del equipo por parte de sus responsables incluyen:

  • Ser transparente sobre límites y prioridades, sobre expectativas y oportunidades.
  • Favorecer mayor equilibrio real entre trabajo y vida personal.
  • Reconocer públicamente los logros del equipo y celebrar avances, no solo resultados.
  • Promover la autonomía y confianza, evitando microgestión y potenciando la responsabilidad compartida.
  • Fomentar la cultura de la gratitud: ser más agradecido y dar más las gracias, además de resaltar las cosas buenas del equipo.

Liderar con bienestar no solo mejora la satisfacción del equipo, sino que también fortalece la cultura organizacional, fomentando un ciclo positivo de motivación y compromiso.

 

En este inicio de año, la invitación es simple pero poderosa: haz del bienestar tu propósito del año, transfórmalo en objetivos e intégralo en micro-rutinas saludables para tu día a día en el trabajo.

Implementar incluso pequeñas acciones en cada una de estas dimensiones del bienestar genera un efecto multiplicador: un equipo más sano es más efectivo, un líder que prioriza el bienestar inspira confianza, y una Organización que lo integra en su cultura se vuelve más resiliente ante los desafíos y más atractiva en el mercado.

¡Feliz 2026… en absoluto bienestar!