Eran, aproximadamente, las 12.30 de la mañana del lunes 28 de abril en la sede central de Iberdrola, en Madrid. Hacía un rato que había terminado mi conferencia sobre “Adaptabilidad al cambio y Resiliencia” en el acto que la compañía había organizado con motivo del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo. Allí estábamos tomando un café y comentando sobre el evento cuando, un compañero de la Organización se acercó para decirnos que había habido un gran apagón a nivel nacional.

Nos encontraba con el evento ya cerrado y casi todos los asistentes habían salido. Se veía mucho movimiento y nerviosismo en el exterior del edificio.

Sin darle demasiada importancia, tres personas nos quedamos a charlar, pero, al poco, nos evacuaron del edificio.

La salida de Madrid en coche fue caótica. Cualquier carretera estaba colapsada. Me llevó casi dos horas un trayecto que, en condiciones normales, podría hacerse en 30 minutos.

Mi única inquietud (que no preocupación) era lograr contactar con mi hijo, al que no localizaba por ningún medio debido a la caída de Internet y de la red telefónica, para decirle que se quedara en el colegio.

Milagrosamente pudimos hablar unos segundos para poder avisarle.

El trayecto hasta Las Rozas me permitió tiempo para escuchar la radio y reflexionar sobre lo sucedido.

De entrada, me pareció muy curioso haber estado hablando sobre resiliencia minutos antes porque, sin duda, íbamos a tener que ponerla en práctica en ese momento. Celebro que en mi intervención diera algunas claves para ser resilientes.

Las horas siguientes al apagón y todo lo que se vivió ya te lo conoces si vives en España. Y aún hoy, más de quince días después, seguimos notando su impacto.

Impermanencia

Ya sea el apagón, la pandemia, la Dana… o eventos de menor calado social como una reestructuración en tu Organización, un reajuste en la situación familiar, una enfermedad repentina o cualquier otra circunstancia sobrevenida, lo que nos enseña la vida es que el cambio sigue su curso y no cesa. Vivimos en la más absoluta incertidumbre, una incertidumbre crónica que siempre ha existido y que, quizás, ahora somos más conscientes de que está presente en nuestras vidas.

Seamos de los que se adaptan al cambio con cierto equilibrio o de los que les horrorizan los cambios, estos van a seguir produciéndose, y muchos de ellos sin pedir permiso. Simplemente obedecen a la ley natural de la impermanencia que los budistas tienen tan integrada. De ahí que su sufrimiento al cambio sea menor: su aceptación.

Cada cambio -grande o pequeño, brusco o suave- puede resultar en una crisis. Porque no va a depender del evento en sí, sino de la manera en que cada persona afronte esa circunstancia inesperada.

¿Qué tal te llevas con los cambios sobrevenidos?

Resiliencia

Si hay una competencia emocional clave para la gestión adecuada de los momentos de dificultad es la resiliencia. Y ocurre que es una de las competencias que te recomendaría a fortalecer dado el momento actual de transformación sin igual e incomprensión como el que vivimos en las Organizaciones.

“La resiliencia es la capacidad de afrontar la adversidad, adaptarse a los cambios y salir fortalecidos de la experiencia”

Y como capacidad nos indica que venimos con la estructura neuronal para ser resilientes y que, además, podemos entrenarla y fortalecerla.

Somos resilientes por naturaleza como especie y, fruto de ello, es que seguimos aquí en perfecta evolución y mejora siglos tras siglos.

Lo cierto es que su entrenamiento se va a hacer práctico cuando vivamos momentos de dificultad y tengamos que poner a prueba y fortalecer todas las habilidades que trae consigo esta maravillosa capacidad: confianza en uno mismo, coraje, mirada optimista, fortaleza interior y apoyo social o conexión.

Aceptación y adaptabilidad

Aceptar el cambio es uno de los principios para la adaptabilidad. Y no hablo de cualquier adaptabilidad, sino de una adaptabilidad flexible, que es la que nos va a permitir desarrollar la resiliencia en los momentos de dificultad o crisis.

“La rigidez nos quiebra”, fue una de las frases de mi conferencia en Iberdrola. Todo lo rígido, lo que no cuenta con cierta flexibilidad, terminar por romperse. Tenemos ejemplos en la naturaleza con esos grandes árboles, robustos y rígidos rotos tras vientos fuertes. Y también podemos encontrar ejemplos en la construcción de edificios.

No es sencillo aceptar lo que no queremos que suceda, lo que no nos gusta o no esperábamos… La mayoría de las veces tratamos de comprender. Sin embargo, a la mente racional se le escapan muchos detalles.

Aceptar no requiere entender o comprender, sino que parte de la mente emocional, de la querencia: quiero aceptar, aunque no me guste ni comprenda, con amabilidad.

Aceptar, además, conlleva acción. A diferencia de la resignación, la aceptación implica actitud positiva y voluntariedad de apertura. La resignación, por su parte, conlleva una rendición pasiva, asumiendo la crisis o la dificultad con malestar interno.

Poder aceptar, que en sí mismo ya es una estrategia maravillosa de regulación emocional, va a necesitar calma mental y acoger las emociones que se activan en los momentos de crisis (o dificultad). Una mente agitada, preocupada o inquieta va a tener más dificultades para identificar qué emociones se están poniendo de manifiesto, darles su espacio y transformarlas dado el caso.

El miedo por la supervivencia en el apagón les llevó a muchas personas a correr a los supermercados a por agua, víveres y papel higiénico (esto último no logro entenderlo).

Por el contrario, una mente que es capaz de encontrar la calma en mitad del caos o de una crisis, no solo tendrá un mayor equilibrio emocional, sino que favorecerá una toma de decisiones más objetiva.

Así como la resignación nos conecta con emociones difíciles (frustración, tristeza, ira..), la aceptación nos conecta con emociones adaptativas (paz, apertura).

¿Cómo aceptaste el apagón? ¿Cuál fue tu estado mental? ¿Y cómo sigues dos semanas después?

Mentalidad de crecimiento

Lo cierto es que, hasta que no aceptamos la circunstancia sobrevenida, no podemos adaptarnos, que, a su vez, va a ser imprescindible para poder desarrollar una mentalidad de crecimiento y poder encontrarle el sentido a cada dificultad o crisis que experimentemos en nuestra vida (profesional y personal).

No trates de buscar el sentido y el crecimiento sin haber acogido la emocionalidad del momento. Y este estadio a veces se lleva su tiempo.

Una pérdida de un ser querido va a necesitar un tiempo de duelo emocional. Un despido inesperado va a necesitar un tiempo de reajuste emocional. Por eso es tan importante acoger las emociones, darles su espacio y saber transformarlas.

Para que podamos hablar de resiliencia ante cualquier situación debe darse la condición de crecimiento o de fortalecimiento tras la crisis.  Y para desarrollar una mente de crecimiento vamos a tener que hacer uso del pensamiento lateral o divergente. Es decir, ser creativos y buscar soluciones diferentes. El famoso “Think out the box”. Y también, será necesario tratar de buscar el sentido -insisto, una vez hemos lidiado con la dimensión emocional- que esa situación tiene.

El para qué es más importante que el por qué. Es lo que nos permite abrirnos, con creatividad, al aprendizaje de cada experiencia. Es la reflexión sobre el para qué la que nos ayuda a crecer, en cualquier situación.

·      ¿para qué me ocurre esto en este momento de mi vida?

·      ¿qué me dice esta situación?

·      ¿qué tengo que aprender de esto?

Yo me hice estas preguntas en mi coche de camino a por mi hijo, y vi claramente mis respuestas. La primera fue la confirmación absoluta, una vez más, de que la inteligencia emocional -y la resiliencia como parte de ella- es un kit de supervivencia emocional que toda persona debería tener, dada la intensidad de lo que estamos viviendo desde hace unos años como sociedad.

Como ves, las respuestas que vienen cuando te preguntas sobre el para qué nada tienen que ver con las respuestas si te preguntas por el por qué (falta de transparencia del Gobierno, posible ciberataque, decadencia social, etc…).

¿Qué te responderías a las preguntas que he formulado? ¿Puedes encontrar tuspara qués?

La conexión social

Cuando vivimos momentos de dificultad, la conexión social, el equipo, la familia, la red de apoyo.. se hacen imprescindibles para afrontar cualquier situación y salir fortalecidos o resilientes.

Ya lo vivimos con la pandemia, y con la Dana.., y seguro que lo pudiste experimentar el 28A. Es lamentable una crisis, y a la vez, es muy bonito ver cómo la conexión humana se fortalece para remar juntos ante la dificultad.

Los egos individuales dan paso el grupo, se refuerzan los vínculos de confianza y aparecen líderes el servicio de la causa y de los equipos. En el contexto de trabajo, además, se fortalece el propósito común.

Por eso, ante las dificultades o crisis bien gestionadas en las Organizaciones, lo que deriva de ellas es una maravillosa transformación.

La adaptabilidad flexible, la mentalidad de crecimiento y la conexión social son los 3 principios que, para mí, sostienen la resiliencia, que podemos entrenar con cada situación que experimentemos como dificultad o crisis.

No soy profeta (¡ni gafe!). Me pidieron que hablara en mi conferencia sobre resiliencia y adaptabilidad al cambio porque el momento actual requiere estar muy atentos y muy entrenados para afrontar los cambios inesperados, las dificultades y las crisis con inteligencia emocional y convertirlos en grandes oportunidades de crecimiento personal, de los equipos y de las Organizaciones.

Los cambios no cesan, aunque nuestro crecimiento puede ir a la par. La resiliencia es un camino de éxito, y es una decisión.