No es de extrañar que en mis cursos de Mindfulness aplicado al Trabajo -en cualquiera de los sectores- los asistentes despierten una ligera preocupación para “añadir” la práctica de mindfulness a sus cientos de tareas en el trabajo y en casa. Y es mi labor acompañar para que esa preocupación se disipe porque de otro modo comenzamos con resistencias la práctica diaria. Y ya sabemos que sin práctica no existe integración posible y mindfulness, lejos de ayudar, podría convertirse en una carga.

La neurociencia ha demostrado que la práctica de mindfulness funciona. A nivel cerebral, activando las áreas responsables del control atencional -es decir, se favorece la atención derivada de la práctica-, de la regulación emocional y de la toma de conciencia. La mayoría de estudios científicos van en esta línea. Además, funciona a nivel psicológico elevando los niveles de calma y bienestar, reduciendo la mente rumiante y desarrollando el no-juicio…, entre otros muchos beneficios.

Ahora bien, llegar a estos exige un mínimo de práctica diaria. Lo sugerido ronda los 20-30 minutos de práctica formal. La práctica formal es aquella en la que dedicamos un tiempo específico a la práctica de mindfulness en cualquiera de sus técnicas, ya sea atención a la respiración, atención a las sensaciones corporales, atención abierta a los sentidos, etc. Esta práctica formal puedo llevarla a cabo sentado o tumbado…, siguiendo un audio o sin necesidad del mismo, al inicio de la mañana o al terminar mi jornada laboral.

Con esta práctica formal diaria voy desarrollando el hábito saludable de parar en mi ritmo diario para dedicar un tiempo al cuidado de mi mente. Y cada día de práctica es un logro. Sin duda requiere cierta disciplina y al inicio es más sencillo si practicas en grupo o si te apoyas en audios.

Sin embargo, la práctica formal se me queda corta. Me gusta invitar a los participantes de mis entrenamientos a unir esta práctica formal a la práctica informal. Es decir, a la integración de la atención plena en lo cotidiano de sus vidas. Y desde este enfoque, no se trata de “añadir” más quehaceres, sino de cambiar la forma de aquellos que hacemos en piloto automático y convertirlos en pequeñas píldoras de atención plena a lo largo del día.

¿Cuántas veces has conducido a algún lado sin ser muy consciente de cómo has llegado? ¿Cuántas reuniones has preparado mientras te duchabas? ¿Cuántas veces te has dado la vuelta para comprobar si habíais cerrado tu casa con llave? ¿Cuántas veces comes a la ve que utilizas el teléfono o el ordenador?

Tenemos tantas oportunidades a lo largo del día para practicar la atención plena en lo cotidiano que lo extraño es que no lo hagamos. Ducharse, lavarse los dientes, el cuidado de la piel diario, el café/desayuno, conducir, el viaje en tren, caminar, comer, hablar, escuchar…

Vamos con un ejemplo. La ducha es un momento estupendo a primera hora de la mañana para esta práctica informal. La ducha mindful es aquella en la que pongo mi atención al momento presente de la ducha y percibo las sensaciones corporales en ese momento concreto: la temperatura del agua, el olor del champú, del gel, de la crema, la suavidad del pelo, el agua cayendo sobre mi piel…e incluso, llegados al caso, siendo conscientes de lo afortunados que somos de tener agua caliente sin esfuerzo. ¡Tenemos un spa en casa y no lo estábamos disfrutando!

Una simple ducha en atención plena no sólo entrena mi mente, sino que me predispone a comenzar el día desde una actitud de calma y bienestar.

Pero la ducha es sólo un ejemplo. Comer es otra actividad cotidiana muy recomendable con la que practicar la atención plena. Te confieso que una de mis actividades en atención plena favoritas es el té. Desde su preparación, hasta que me lo tomo. Es un auténtico ritual. El olor. El calor de la taza en mis manos, el sabor… y el agradecimiento a todos los que han hecho posible que yo pueda disfrutarlo.

Sí, ya sé que no tienes tiempo… ¿Seguro?

A veces la disciplina y el compromiso que requiere la práctica formal no está al alcance de todos. Es por eso que si aún no estás preparado para comenzar con este tipo de práctical, al menos, trates de introducir en tu día a día pequeñas “islas” de toma de consciencia que te van a ayudar a mejorar tu bienestar. Recuerda que simplemente se trata de cambiar la manera en que realizas tus actividades cotidianas.

A veces sólo es un tema de permitirte, de rebajar tu auto-exigencia y de querer vivir de otro modo. Cientos de personas han tomado mi invitación y sus vidas ha mejorado notablemente. No me creas… compruébalo por ti mismo.

Mindfulness jamás ha de ser una tarea más o una carga en nuestras vidas, sino una aliado para alcanzar mejores niveles de salud integral.

 

¿Y bien? ¿Por qué actividad quieres comenzar tú?