“Tengo al equipo fundido. Y no tanto por lo que se le exige… sino por la acumulación de todo lo que llevamos y su dificultad para gestionar el momento actual. La atención ha caído en un altísimo porcentaje”. Esta conversación de hace unos días con un Directivo pone de relieve lo que veo con bastante frecuencia en varias Organizaciones.

En España, al menos en el mes de Julio, experimentamos cada año “el fin del mundo” en el trabajo. Uno mira al calendario vacacional con ansia a la vez que se intensifican las reuniones, que los proyectos no avanzan, que los clientes postponen y que los días van cayendo sin tener resuelto todo lo que queremos resolver antes de irnos de descanso. Y esto, como ya comenté en mi artículo anterior, genera estrés pre-vacacional muy poco tenido en cuenta pese a sus estragos.

Además, este año con la ola de calor Julio está siendo más cuesta arriba que nunca.

Pero ocurre también que, en verano -mitad del año- llevamos mucho acumulado del año que deriva en una sobrecarga mental a la que, quizá, no se le está dando la importancia adecuada para gestionarla con maestría y no llegar a las vacaciones con tal nivel de cansancio.

Si eres de los que en vacaciones se ponen enfermo, deberías revisar tu sobrecarga mental (además de tu estrés).

 

Sobrecargados en exceso

Es obvio que cada trabajo conlleva un conjunto de exigencias físicas y mentales. Sin embargo, en ocasiones, tales exigencias superan con creces nuestras habilidades. O, al menos, tenemos la percepción de que así es. Es decir, nos vemos sobrepasados y con la percepción de “no puedo”.

Ante esta percepción o realidad de no poder con la situación, el cerebro, en situación de alerta, comienza liberando neurotransmisores para comunicar al resto del cuerpo tal tensión o sobrecarga. Y, en la mayoría de los casos, deriva en estrés.

La presión del momento previo al descanso de verano, el exceso de información a gestionar, la necesidad de mantener la atención sostenida durante mucho tiempo, la obligatoriedad de poner en marcha procesos cognitivos complejos para la toma de decisiones, el análisis, el razonamiento… son algunos de los factores que son llevan a la sobrecarga mental.

La sobrecarga mental genera fatiga mental, estrés, saturación y falta de concentración. Tu mente se siente como un hervidero, incapaz de concentrarse y procesar la avalancha de información. El cerebro termina frito.

Es obvio que la sobrecarga mental nos aleja del Bienestar individual en el trabajo. Y también del Bienestar de equipo porque cuando estamos en sobrecarga cualquier extra a nuestro trabajo puede ser motivo conflicto o enfrentamiento.

Pero quizás nos sobrecargamos en exceso porque no paramos a tiempo. Y eso depende más de uno mismo que de las circunstancias externas. Saber gestionar la sobrecarga mental exige, además, tratarse con amabilidad.

 

Algunas ideas para gestionar la sobrecarga mental y mantener la productividad

 

Como a todo ser humano, cuando me encuentro en momentos de mucha carga, mi atención decae y mi productividad se reduce considerablemente. Sin embargo, todos tenemos la capacidad de escuchar a nuestro cuerpo antes de caer en sobrecarga mental. Saber mirarse internamente es una habilidad para el éxito.

 

La autoobservación es, para mí, una de las estrategias clave para la regulación. Nadie como tú mismo para saber cuándo debes parar. Tu propio cuerpo actúa como advisor y te da avisos para que comiences a gestionar si no quieres terminar fundido. Es la sabiduría del cuerpo. Pero, ocurre que vamos tan aprisa, tan desconectados del cuerpo, tan en piloto automático y tan estresados… que ni siquiera somos capaces de captar las señales del cuerpo.

Mientras le dedicas tiempo al aprendizaje de tu percepción corporal -maravillosa tarea-, te dejo algunas ideas muy concretas entresacadas de mis formaciones y los procesos de Coaching con Directivos. Creo que te pueden ayudar a sobrellevar tu carga mental de manera saludable y que no se convierta en sobrecarga.

  • Márcate límites digitales en tu jornada de trabajo y fuera de ella. La tecnología agota y distrae. Para liberar tu mente, establece límites digitales. Apaga las notificaciones innecesarias, establece tiempos específicos para revisar el correo electrónico y utiliza aplicaciones que bloqueen el acceso a redes sociales durante tu tiempo de enfoque o de descanso. Estudios actuales demuestran que reducir la exposición a las distracciones digitales aumenta la productividad y disminuye el estrés.

  • Practica mindfulness o a atención plena. Es una poderosa herramienta para cultivar la claridad mental y reducir la sobrecarga mental. Dedica unos minutos al día a la meditación o a la respiración consciente. Estudios científicos en los últimos 20 años han demostrado que la atención plena mejora la función ejecutiva del cerebro, lo que se traduce en una mayor capacidad de atención y en una toma de decisiones más efectiva.

  • Aprende a delegar y establecer límites. La carga mental en el trabajo a menudo se debe a una falta de delegación adecuada y a la incapacidad de establecer límites claros. Aprende a confiar en tus colegas y a asignar tareas según las habilidades y capacidades de cada uno. Establece límites saludables para evitar el agotamiento y proteger tu bienestar mental.

  • Establece descansos adecuados, tanto durante la jornada como fuera de ella. Puedes hacer usos de las micro-pausas, los paseos entre despachos, los cafés de distensión…, todo lo que te ayuda a liberar carga mental. Y, una vez fuera del trabajo, permítete los descansos necesarios. Ni hablar de seguir conectado a las tareas a partir de ciertas horas, aunque seas Directivo. Es muy importante el descanso nocturno reparador.

  • Libera carga mental a través del ejercicio y el movimiento. Mente y cuerpo se retroalimentan, de tal forma que cuando muevo el cuerpo libero la mente. Una manera efectiva y agradable de liberar carga mental es hacer deporte, aún más cuando casi crees no tener tiempo de la cantidad de trabajo que tienes. En esos momentos no solo es efectivo, sino que necesario.

Una de las diferencias entre las personas emocionalmente inteligentes en el trabajo de las que no lo son, es que ante momentos de carga mental y estrés -como lo es el momento previo a las vacaciones- son capaces de parar y poner en marcha herramientas para gestionar esos procesos mentales y continuar en bienestar a pesar de las circunstancias externas.

Te invito a que pongas en práctica alguna – ¡o todas!- las ideas que te propongo y logres llegar a las vacaciones en condiciones de poder disfrutarlas con salud.

 

 

Cristina Jardón es Experta en Inteligencia Emocional aplicada a las Organizaciones y Bienestar Corporativo. Dirige el programa Certificación en Bienestar Organizacional de Sagardoy Business & Law School.

Puedes encontrar más información en el enlace https://sagardoyschool.com/programas/especializacion-y-workshops/certificacion-bienestar-organizacional-360