Si trabajas en una empresa de esas que apuestan por el bienestar, seguramente hayas tenido la oportunidad de asistir a algún taller de Detox Digital. Incluso haya podido ser yo quien lo impartiera.

Es un tema de moda. Además, es necesario sensibilizar sobre los riesgos de la no desconexión y dar, al mismo tiempo, ideas para la mejora en este sentido.

Pero no es fácil. Vivimos en un mundo digital. ¿Has visto la cantidad de cosas diarias en casa y en el trabajo con las que necesitas la tecnología para llevarlas a cabo?

¿Podemos desconectar de lo digital, así como así? Y… ¿queremos?

Hace unas semanas impartía un workshop en una de esas empresas que cuidan de las personas y en este artículo te cuento algunas de las cosas que compartí con aquel equipo.

 

 UN MUNDO HIPERDIGITALIZADO

No sé si suena mal o bien esto de hiperdigitalizado. Pero es el mundo en el que vivimos hoy.

Cuando era una teenager y me tragaba las pelis del momento, como “Regreso al futuro”, nunca imaginé que llegaría a ver cosas como las que vemos en la actualidad relativo a la tecnología. En aquellos entonces estas películas nos mostraban ciencia ficción, pero hoy vivimos dentro de la ciencia ficción.

Jamás imaginé que unas máquinas podían operar a un bebé, o que un robot podría hacer las cosas de casa o salir de compras. O que una máquina, al otro lado del teléfono, pudiera tener una conversación perfectamente real para asesorarte sobre algún tema.

Nuestro mundo está basado en la tecnología y va transformándose a un ritmo difícil de retener. Estar actualizado es casi imposible.

En la actualidad, unos 6.000 millones de personas utilizamos Internet, lo que representa el 74% de la población mundial) y unos 2.400 millones de personas utilizamos IA generativa (datos de la International Telecomunication Union).

Y claro, esta conexión digital y este avance sin igual tiene unas ventajas enormes y, a la vez, unos riesgos quizás poco reflexionados.

Como ventajas, pensando en el contexto de trabajo, podemos hablar de que gracias a la tecnología tenemos mayor eficiencia y productividad. ¿Te imaginas lo que sería, por ejemplo, prescindir del correo electrónico o de las plataformas para reuniones online? Cada vez más somos capaces de automatizar ciertos procesos y -se supone… ya veremos después- que el uso de la tecnología favorece un uso más óptimo de nuestro tiempo. Necesitamos menos tiempo para hacer más en el trabajo.

El modelo de trabajo ha cambiado con la tecnología. La mayoría de nosotros trabajamos en modelos híbridos y no paran de aparecen nuevos puestos de trabajos tecnológicos

El avance tecnológico nos da acceso a toda la información mundial y esto, bien utilizado, implica que cualquier persona en cualquier lugar del mundo tiene acceso a conocimiento y a datos, lo que también favorece el análisis y la toma de decisiones. Además, gracias a la tecnología, podemos estar más conectados y facilitar la comunicación. La conexión es inmediata, en tiempo real. Para los equipos descentralizados es una ventaja importante: facilita la colaboración y reduce las barreras geográficas. Además del ahorro de costes de desplazamientos para cualquier empresa.

 

 EL RIESGO DE LA SUPERCONEXIÓN

¿Y riesgos? ¿Cuáles son los riesgos que nos trae el uso (o mal uso) de la tecnología?

Quizás el más notable, o el que veo con mayor regularidad en los últimos años es la fatiga cognitiva y mental, y la sobrecarga digital. Si te fijas, estamos expuestos diariamente a un volumen difícilmente gestionable de información y de notificaciones. Nuestra capacidad atencional se ve altamente afectada y no solo se produce un agotamiento mental por sobreestimulación constante, sino que se reduce -y así lo muestran los estudios- la capacidad de pensamiento, la memoria y la toma de decisiones.

Estamos altamente ocupados (very bussy!) pero somos cero productivos. Nuestro cerebro, ese órgano pensante y ejecutor, no puede absorber el impacto de toda la información que recibe y, sencillamente, colapsa. Dicho de otro modo, se nos está friendo el cerebro.

Además, a nivel mental, el mal uso de la tecnología se asocia a altos niveles de estrés y de ansiedad. Por ejemplo, la exposición a pantallas en horas determinadas provoca alteraciones del sueño y sensación de agotamiento mental. Esto tiene un impacto directo en el bienestar físico y psicológico.

No son los únicos riesgos. También la privacidad o la seguridad lo son. Y sin entrar en la IA.

 

 ¿QUÉ NOS DICE LA NEUROCIENCIA?

Los estudios muestran que, en los últimos 20 años, la capacidad atencional del ser humano ha experimentado un deterioro significativo. Estudios recientes indican que el tiempo de atención sostenida en una sola tarea ha caído de aproximadamente 2,5 minutos a principios de los 2000, a solo 40-47 segundos en 2024-2026. Es decir que nos cuesta mantener la concentración más allá de 1 minuto, ya sea que estemos en una reunión, una conversación importante o a punto de tomar la decisión de nuestra vida.

Además, las interrupciones constantes y el cambio continuado del correo electrónico al chat, hojas de cálculo, dashboards y … generan un coste para nuestro cerebro (“switching cost”) que hace que necesitemos entre 15 y 25 minutos para recuperar realmente el foco y ser efectivos. (Te dejo algunas referencias de estudios más abajo).

Es por estas interrupciones constantes y por la dificultad de mantener la atención que investigadores de la Universidad de California consideran que en la actualidad somos un 40% menos productivos que hace 10 años. Y también tenemos mayor fatiga física y mental, pues hay un gasto de energía de nuestro cerebro con cada reajuste atencional.

Y si solo fuera eso…

La dificultad para mantener la atención derivada de la sobreestimulación digital conlleva un coste para la Organización, en términos de productividad y de baja laboral derivada de le estrés y burnout.

¿Cómo está tu atención? ¿Cuántas veces al día tienes que hacer el esfuerzo de traer tu atención de vuelta a la tarea?

La comunidad médica advierte de los riesgos del abuso de la tecnología ya que impacta en nuestro cerebro como lo hace la adicción a las drogas. Por ese enganche a la dopamina -con este fin están ideadas muchas de las Apps que consumimos- hay verdaderas dificultades de limitar su uso.

¿Cuántas horas por día utilizas tu dispositivo móvil dentro y fuera del horario de trabajo? ¿Cuántas veces te acercas a tocar la pantalla del móvil por hora? ¿Cuántas veces te has perdido horas dentro de las redes sociales cuando slo ibas a mirar mensajes?

Además, si la conectividad a la tecnología no solo es abusiva, sino que la realizamos en horas que supuestamente son para el descanso, entonces se le suma un nuevo cuadro clínico: el insomnio.

Pero este es el mundo en el que vivimos. El mundo que estamos creando con nuestros nuevos hábitos de consumo. Un mundo que cambia por segundos, a una velocidad muy difícil de detener, en el que la tecnología se convierte en un ingrediente para nuestra supervivencia.

La idea de que a mayor conexión digital mayor productividad es un mito, como lo es la multitarea o el uso de la IA para trabajar menos. Estar siempre conectado está muy lejos de la efectividad: reduce la productividad, incrementa errores, produce mayor fatiga y acelera el estrés.

Así que tenemos un gran reto: ¿cómo gestionar la digitalización y su uso saludable? ¿Cómo podemos hacer de la desconexión un derecho de salud y una norma de trabajo?

 

 SOLUCIONES PRÁCTICAS

En el workshop del que extraigo el contenido para este artículo pudimos profundizar aún más y de manera práctica soluciones reales y alcanzables para el detox digital, pero te dejo algunos tips que compartí con el equipo por si son de tu ayuda.

Creo que debemos dividir las actuaciones en 3 bloques:

–       Actuaciones promovidas por la Organización.

–       Actuaciones promovidas por el líder/manager.

–       Actuaciones promovidas por cada empleado, tanto en el trabajo como en casa.

Según comento en mi libro CULTURA DEL BIENESTAR, el bienestar es una corresponsabilidad entre todos los agentes implicados.

En el caso de la Organización, puede favorecer la cultura detox digital con programas de sensibilización y con normas y procedimientos específicos. Por ejemplo, una de mis Organizaciones cliente tiene por norma no poner reuniones ni formación a partir de una hora determinada, y el envío de correos a partir de ese horario solo queda justificado por una necesidad o urgencia. Otras actuaciones como limitar el horario de las reuniones, dar tiempo de recuperación entre ellas, establecer franjas horarias sin reuniones a lo largo de la jornada semanal, evitar WhatsApp con notificaciones de trabajo en horario de tarde-noche y fines de semana, programar el envío de correos electrónicos, dejar de reforzar la disponibilidad constante o planificar las vacaciones y ausencias… favorecen el derecho a la desconexión digital y el derecho de todo empleado al descanso.

Quizás la parte más importante para promover el detox digital y, en general, cualquier política de salud y bienestar es la formación de los líderes. Es obvio que, por muchos procedimientos o normas en favor del derecho a la desconexión, si el comportamiento de los managers no va en coherencia, no solo no va a funcionar, sino que va a generar mayor estrés a los equipos.

Más allá de un mensaje escrito al final del correo electrónico, el líder/manager debe permitir ese derecho al descanso y a la desconexión digital del equipo… salvo (obvio también) que las circunstancias puntuales requieran lo contrario. Y remarco lo de puntuales, porque si las circunstancias extraordinarias se prolonga en el tiempo es un indicativo de que algo está fallando y habrá que revisar.

Esto significa:

–       Dejar de enviar mensajes (por cualquier vía) a cualquier hora porque “si no se me olvida” o “te lo envío y así me despreocupo…, pero no me respondas”. Cada mensaje del jefe recibido en deshoras (en tiempos de descanso, vacaciones, etc..) genera picos de estrés y ansiedad. Y aunque el empleado decida no responder, el hecho de haber recibido un mensaje cuando no debería darse el caso provoca emociones como irritabilidad y enfado a vez que un enganche al contenido del correo. Incluso, si el empleado está entrenado en gestión de estrés.

–       Dejar de esperar respuestas inmediatas. Deberíamos entender que, si un empleado se desconecta, las probabilidades de que lea los mensajes del jefe son mínimas (o directamente decide no hacerlo), por lo que tener expectativas de respuesta genera estrés para el manager (también irritabilidad, nerviosismo,…) que, de no getionarlo, se lo transmitirá al empleado.

–       Dejar de premiar la hiperdisponibilidad del equipo.., ya que hacerlo dice más del manager y de su ma gestión de expectativas, del tiempo y del estrés, que de la efectividad del empleado.

QUERER DESCONECTAR. QUERER TENER SALUD

A lo largo de años acompañando a líderes y equipos, veo que la desconexión digital aparece cada año con más fuerza dentro de las necesidades de bienestar. La buena noticia es que las Organizaciones están apoyando en este sentido estableciendo, incluso, protocolos para la desconexión.

Sin embargo, esos protocolos no tienen validez cuando el empleado no asume su parte de responsabilidad en cuidar de su energía vital, la física y la mental. Quizás exigimos que a nuestro manager que no nos moleste con sus correos en deshora, pero nuestros hábitos no cambian, ni en el trabajo ni en casa.

Somos dependientes tecnológicos. Utilizamos plataformas internas para enviar un mensaje a un compañero antes de llamarle por teléfono o levantarnos a su puesto de trabajo. Operamos por Internet antes de ir a una tienda física. Nos enganchamos horas a las redes sociales y evitamos las relaciones personales… o le pedimos a Chat GPT que nos redacte un correo que después vamos a revisar y perder más tiempo que el que hubiésemos necesitado sin pedírselo a la IA.

Y esa dependencia nos produce fragilidad… algo que pudimos experimentar en España en el apagón de abril de 2025.

La desconexión digital exige querer desconectarse, y esto es bastante más complejo por lo que expliqué de la dopamina. Estamos enganchados al consumo tecnológico y, ahí, nada puede hacer la empresa o nuestro manager. Más bien es la decisión personal de querer proteger la atención y dar larga vida el cerebro.

Cuando trabajo con equipos en esta temática establecemos prácticas detox en el trabajo y en casa que pueden empezar a poner en práctica enseguida. Te comparto alguna.

En el trabajo

  • Desactiva las notificaciones no esenciales. ¿Tienes WhatsApp Web? Desinstálalo.
  • Márcate bloques de tiempo de trabajo sin interrupciones (45-60 minutos). Quizás puedes ponerte un mensaje (físico o virtual) de OOO (out of office)
  • Crea «franjas horarias de concentración» en tu agenda semanal. Muchas personas con las que trabajo me reportas que se concentran más cuando trabajan desde casa, por lo que esas franjas de concentración las hacen coincidir con los días de trabajo en remoto. Además, a lo largo del día no tenemos la misma calidad atencional. Busca cuando es tu momento. En mi caso, el mediodía es un momento de concentración muy bueno.
  • Aprende a identificar lo que es verdaderamente urgente de lo que no lo es. Solo con identificar esto ya tendríamos mucho avanzado. Lo urgente requiere respuesta inmediata (una llamada urgente de cliente o proveedor, una caída del sistema, una reunión de emergencia…). Lo prioritario puede ser secundario en un momento dado, incluso se puede delegar.
  • Gestiona los correos electrónicos en lote (2-3 veces al día) y no constantemente. El problema es que solemos atender el correo porquenos llega la notificación al móvil (¡y al reloj!). Esa notificación es un arma letal contra tu concentración.
  • Educa a tus compañeros/equipo en la no-interrupción… sobre todo si eres manager. Estar para el equipo debe ser compatible con poder hacer tus cosas (y no solo resolver las de los demás). Desde la amabilidad y con una sonrisa puedes decir un «¿te parece si lo vemos luego»?.
  • Muévete más, sal a caminar en tu lugar de trabajo, despéjate, … Me encanta este hábito para la desconexión, y para tomar aire, y para despejar la mente. ¿Qué tal un mini-paseo entre reuniones para estirarte y respirar profundo?

En casa

  • Establece un horario para desconectarte de la tecnología (por ejemplo, evita pantalla un rato antes de ir a dormir. Evita revisar correo electrónico o RRSS justo antes de acostarte. Sí, lo sé… es lo típico que sabemos que tenemos que hacer y que poca gente hacemos. Mi lugar del móvil es un cargador de la cocina. Antes de la cena ya esta ahí descansando y en modo silencio hasta la hora de ir a dormir, hora en la que me lo llevo al cuarto de baño para parar la batería.
  • Mantén el teléfono fuera del dormitorio o en modo avión, pero alejado al menos 2,5 metros de ti. Lo cierto es que no lo necesitamos en el dormitorio salvo que sea nuestro despertador. Otro error… Si tuviéramos un despertador analógico la desconexión sería aún de más horas.
  • Crea zonas y horarios tech-free en casa para toda la familia (comidas o cenas, conversaciones, descanso). Para mí esto es básico cuando convivimos con niños y adolescentes. En casa, el encuentro de la cena es un momento para compartir conversación sin móviles. Y si estoy sola, me dedico una rica cena consciente en silencio. Y cuando quedamos con amigos, en móvil no aparece en la mesa.
  • Si haces deporte y llevas habitualmente el smartphone, intenta dejarlo un día en casa. Nos hemos acostumbrado a medirlo todo y tomar registro de todo y, para eso, necesitamos el smartphone. Pero te aseguro que hacer deporte sin preocuparte de mirar el teléfono es una maravilla. Lo mismo que hacer deporte sin auriculares. ¿Son tan necesarios? Yo creo que no.
  • Sustituye la tecnología por momentos de recuperación consciente (leer, caminar, actividad artística, silencio, …). Nuestra mente está tan revolucionada, que por una cuestión de equilibrio, necesitamos tiempos de descanso mental. Yo he descubierto que la actividad artística es una terapia para esto.

Y practica mindfulness, todo lo que puedas, tanto en casa como en el trabajo, para fortalecer tu atención y reducir el estrés de la sobreestimulación constante. La práctica de la atención plena es una ayuda indispensable para mantener mente y cerebros sanos.

Sé que todos los tips anteriores ya te los conocías. Tal vez solo te traigo un recordatorio. Pero has de saber que eso que haces hoy está impactando en tu salud presente y futura.

Saber desconectarse es un acto de libertad, de rebeldía, de desintoxicación, de fortaleza interior y, sobre todo, de salud y bienestar.

 

Cristina Jardón es Experta en Inteligencia Emocional aplicada a las Organizaciones y Bienestar Corporativo. Formadora, mentora y consultora de Bienestar. Puedes conocer más sobre su trabajo en www.cristinajardon.com