Septiembre tiene algo -o mucho- de enero. Estrenamos agendas, recuperamos horarios y volvemos a hacer listas con la esperanza de que esta vez sí conseguiremos organizarnos mejor, cuidarnos más y llegar a todo sin terminar agotados.

Pero ya ves, estamos en la semana 3 del comienzo de septiembre, ya te han convocado a una infinidad de reuniones y el bienestar de las vacaciones ya solo parece estar en tus fotos.

La vuelta al trabajo no siempre viene acompañada de la misma energía con la que volvemos a abrir el calendario. Después de unas semanas con otros horarios, menos obligaciones y mayor libertad para decidir qué hacer con nuestro tiempo, recuperar la rutina puede generar cierta resistencia. Nos cuesta concentrarnos y esa bandeja de entrada que nos recibe con cientos de correos cada día tampoco ayuda demasiado. Aún no he conseguido ponerme al día.

Conviene recordarnos algo: volver al trabajo no significa volver inmediatamente al rendimiento máximo. De hecho, es muy complicado lograrlo, incluso si tus vacaciones han sido de esas de descanso sin igual.

Nuestro cerebro también necesita transición. Durante las vacaciones cambian nuestros ritmos, disminuyen algunas demandas cognitivas habituales y, en muchos casos, recuperamos sueño, movimiento, relaciones y espacios de desconexión. Una reciente explicación desde la neuropsicología señala precisamente que funciones como la atención sostenida, la memoria de trabajo, la planificación o la toma de decisiones necesitan readaptarse progresivamente a la carga cognitiva habitual.

Quizá, por tanto, el problema no sea que nos cueste volver. O no solo eso. El problema es pretender regresar el primer día de trabajo exactamente al mismo nivel de exigencia con el que nos marchamos semanas antes.

Las vacaciones no son tiempo perdido: son tiempo de recuperación

Este verano he tenido uno de esos en los que los días no pasaban. Me ha recordado a los veranos de la infancia, en los que los días se estiraban como el chicle.

Mi jefa -que soy yo- me ha permitido tomarme más tiempo del habitual y, sobre todo, desconectar completamente. Eso es, para mí, no abrir el ordenador en 2 meses y dedicar mucho tiempo a lo creativo. Este verano me he diseñado y producido mi propia vajilla y he entregado algunos encargos de cerámica (es mi otra pasión). Cierto que, con el calor que ha hecho en Madrid, donde mejor se estaba era en casa con el aire acondicionado hasta que el aire abrasador te permitía salir a darte un baño en la piscina.

Entre el viaje con la familia, mi adicción veraniega por la cerámica, los paseos y varios libros se me ha pasado el verano. Mi mente ha descansado como nunca y eso ha hecho que mi vuelta haya sido con mucha motivación y nuevas ideas.

Existe todavía una cultura laboral que confunde compromiso con disponibilidad permanente y productividad con intensidad. Y también es un error cultural confundir no hacer productivo con perder el tiempo. Sin embargo, el descanso no es lo contrario del rendimiento. Es una de sus condiciones. Y no hacer (que para mí es un arte y uno de los hábitos saludables que propongo en mi libro Oh! Mindful Day) es un requerimiento para mantener buena higiene mental.

Sé que este verano he ganado tiempo de calidad y ahora me encuentro con energía de acometer un septiembre bastante retador.

Un metaanálisis publicado en 2025 en Journal of Applied Psychology, que reunió 32 estudios y 256 tamaños de efecto, concluyó que las vacaciones producen un efecto importante sobre el bienestar y que sus beneficios pueden durar más de lo que investigaciones anteriores sugerían. La desconexión psicológica del trabajo y la actividad física durante las vacaciones aparecen, además, entre las experiencias especialmente beneficiosas.

El verano puede ayudarnos a recuperar recursos físicos, cognitivos y emocionales. Pero regresar también tiene sus bondades. Y es que, retomar horarios aporta estructura. Recuperar proyectos estimula nuestras capacidades. Volver a relacionarnos con compañeros satisface nuestra necesidad de conexión. Afrontar retos nos permite experimentar competencia y crecimiento. Y, cuando nuestro trabajo tiene sentido para nosotros, regresar también significa reencontrarnos con una parte de nuestro propósito.

En mi artículo de septiembre de Yoga Spirit hablo justo de lo necesario de volver a la rutina. Como seres humanos, somos seres rítmicos. Todo nuestro cuerpo funciona con cientos de ritmos internos coordinados (respiración, latido del corazón, secreción hormonal, digestión, ciclos del sueño, ciclos de los órganos…). Cuando esos ritmos se sincronizan, experimentamos mayor bienestar; cuando se alteran de forma mantenida, aumenta el riesgo de fatiga, estrés e incluso enfermedad. Por eso, cuando somos capaces de volver al ritmo estamos ayudando a nuestro organismo a que se sincronice para su perfecto funcionamiento. La rutina es saludable y necesaria y seguro que mi organismo se desestabilizaría si viviese continuamente con la laxitud con la que me permito vivir en verano.

Por tanto, la cuestión no debería ser “¿cómo sobrevivo a la vuelta?”, sino algo bastante más interesante: “¿cómo quiero volver?”

Y esta pregunta importa especialmente en un momento en el que el compromiso laboral atraviesa dificultades. Según el State of the Global Workplace 2026 de Gallup, solo el 20 % de los trabajadores del mundo se declararon comprometidos con su trabajo en 2025; en Europa, la cifra fue del 12 %. Gallup estima además que el bajo compromiso supone alrededor de 10 billones de dólares en pérdida de productividad para la economía mundial.

Septiembre puede ser entonces algo más que regresar a la oficina. Puede convertirse en un buen momento para preguntarnos qué necesitamos para trabajar bien, qué queremos conservar del verano y qué merece la pena cambiar.

¿Cómo volver sin desgastarnos en el intento?

El verano me da el espacio y el tiempo para pensar que, durante el resto del año quizás me cueste encontrar. No sé si a ti te pasa que, en momentos de verdadero bienestar en vacaciones, mirando a la nada, contemplando y respirando hondo, una se hace sus propósitos: retomar el deporte, cultivar más paz en el día a día, poner ciertos límites saludables…

Por eso creo que septiembre es un mes de mucha consciencia y coherencia interna. No necesitamos empezar septiembre corriendo. Necesitamos empezar con dirección y esto significa darnos el tiempo para volver al ritmo, definir bien vuestros objetivos y poner foco… y uniendo a la lista esos hábitos que nos van a ayudar a estar mejor y trabajar en bienestar.

Te comparto algunas ideas. No son todas, pero quizás algunas te sean de utilidad:

  1. No quieras recuperar todo el primer día.
    La bandeja de entrada no es una prueba de resistencia. Dedica las primeras horas a revisar, clasificar y priorizar. Harvard Business Review recomienda precisamente evitar la tentación de compensar las vacaciones trabajando en exceso nada más regresar.
  2. Recupera el ritmo de manera progresiva y evita la multitarea.
    Si es posible, reserva los primeros días para reorganizarte antes de llenar la agenda de reuniones, decisiones y entregas. El cerebro funciona mejor cuando puede reajustar gradualmente sus demandas de atención y control ejecutivo. Correos, mensajes, reuniones, documentos y notificaciones simultáneas generan sensación de actividad, pero no necesariamente de avance. Trabaja por bloques y concede a cada tarea un espacio de atención real.
  3. Diferencia lo urgente de lo importante.
    Todo puede parecer prioritario después de varias semanas fuera, pero casi nunca lo es. Pregúntate: ¿qué tres cosas necesitan realmente mi atención esta semana? Empezar con claridad reduce la sensación de desbordamiento.
  4. Protege lo que te hizo bien durante el verano.
    Quizá caminaste más, dormiste mejor, leíste, conversaste sin mirar el reloj o pasaste más tiempo al aire libre. No entregues todo eso en la puerta de la oficina. El bienestar sostenible consiste también en integrar pequeños espacios de recuperación en la vida cotidiana.
  5. Cuida especialmente el sueño.
    Regularizar progresivamente los horarios facilita la recuperación de los ritmos cotidianos y mejora atención, regulación emocional y capacidad de decisión. Volver descansados es bastante más efectivo que intentar compensar el cansancio con café y voluntad.
  6. Recupera el vínculo.
    No todo consiste en ponerse al día con tareas. También merece la pena ponerse al día con las personas. Preguntar “¿cómo estás?” o “¿qué tal va tu vuelta?” antes de preguntar “¿cómo va aquello (el proyecto, la reunión..)?” puede parecer un detalle menor, pero construye relaciones, confianza y pertenencia. ¡Qué importante construir relaciones!
  7. Vuelve a conectar con el para qué.
    El propósito no tiene por qué ser grandilocuente. Puede estar en hacer bien nuestro trabajo, contribuir al equipo, resolver un problema o sentir que aquello que hacemos sirve a alguien. Gallup encuentra que el bienestar aumenta cuando las personas perciben su trabajo como intrínsecamente gratificante y beneficioso para otros.

Volver, sí. Pero quizá no exactamente al mismo lugar

La vuelta de vacaciones puede producir cierta nostalgia, pero también contiene una oportunidad interesante: la de recuperar la rutina sin recuperar automáticamente todos nuestros automatismos.

Tal vez septiembre sea un buen momento para decidir qué queremos volver a hacer y qué no. Qué hábitos nos ayudan. Qué límites necesitamos. Dónde estamos gastando energía innecesariamente. Y qué pequeñas cosas del verano podríamos permitirnos conservar durante el resto del año.

Porque trabajar con bienestar no significa trabajar menos ni renunciar a la exigencia. Significa aprender a gestionar nuestra energía, atención y recursos de manera que podamos sostener el rendimiento sin convertir el agotamiento en el precio inevitable del éxito.

No necesitamos regresar de vacaciones acelerando para demostrar que hemos vuelto.

Quizá la mejor manera de volver al trabajo sea hacerlo con energía, pero sin prisa; con compromiso, pero sin sobreexigencia; y con objetivos, pero también con propósito. Porque volver a trabajar no debería significar volver a olvidarnos de nosotros mismos.

Feliz vuelta, compañer@

 

Cristina Jardón es Experta en Inteligencia Emocional aplicada a las Organizaciones y Bienestar Corporativo. Formadora, mentora y consultora de Bienestar. Puedes conocer más sobre su trabajo en www.cristinajardon.com